
En la actual cultura empresarial de muchas PyMEs, la recursividad es una de las características más buscadas por muchos empleadores en sus equipos de trabajo, hasta el punto que en muchas ocasiones hay secciones completas de las entrevistas laborales dedicadas a ese asunto.
He visto que en ocasiones esa recursividad es vista como la capacidad de enfrentarse a los problemas que se presentan en el camino con ánimo así como la posibilidad de crear los recursos necesarios para resolver el problema.
En la práctica por otro lado, la recursividad se convierte en la desesperada necesidad de enfrentarse a los problemas que se presenten (no que se presentan) sin los recursos necesarios para resolverlos pero sí con la responsabilidad de resolverlos a toda costa. Esta aproximación desbalancea la organización ya que cuando se logra obtener resultados es porque alguien en el camino se sacrificó para lograrlo, creando con un ganador (la organización) y un perdedor (el empleado), o como se conoce en teoría de juegos: un juego de suma cero.
Ese culto a la recursividad trae a mi manera de ver grandes problemas como sobrecarga de trabajo, proyectos desordenados y equipos de trabajo que no piden recursos por miedo a no ser vistos como "recursivos".
Por otro lado, hay quienes afirman que esa cultura de la recursividad lleva a organizaciones e individuos innovadores. Hasta ahora no he visto casos de innovación sostenida proveniente de organizaciones donde sus miembros no cuenten con los recursos mínimos para desarrollar su actividad.
Cada vez estoy más convencido del hecho que esa "recursividad" (de aquí en adelante entre comillas) aparece en las ofertas laborales al lado de "trabajar bien bajo presión" por el hecho que una es consecuencia de la otra y siempre donde está una, están ambas.
Hace unos años cuando pensaba en la recursividad, pensaba en ser capaz de resolver cualquier problema, ahora imagino una antena de TV hecha con un gancho de ropa y la calidad de imagen que se obtiene de ella.